Esta jornada, de transición, fue, quizá, la única de todo el viaje en la que no madrugamos. Podíamos abandonar el cámping a las 12, así que nos despertamos tarde, nos dimos una última ducha, recogimos sin prisa y preparamos una etapa intermedia entre Rávena y Venecia que no teníamos planificada (visitaríamos Bolonia y Ferrara, inicialmente no previstas). A mediodía poníamos rumbo al Adriático.